Atlas Errante
NC Arte, Bogotá, 2025
Atlas errante parte de una pregunta que Rodrigo Facundo lleva décadas formulando de distintas maneras: ¿cómo se representa el mundo cuando las representaciones mismas son instrumentos de dominio? La respuesta no es una imagen sino un archivo vivo — un repertorio multitemporal, multicultural y multinatural de imágenes acumuladas a lo largo de más de treinta años de investigación, viaje y observación.
La exposición reúne pintura, relieve en madera, video mapping, ensamblaje con cajas metálicas, imágenes en distintos soportes y una esfera terrestre tejida en mimbre. Cada pieza opera como un nodo dentro de una cartografía que no tiene centro fijo ni punto de fuga: un atlas que erra, que se mueve, que se niega a fijar el territorio.
Muchas de las imágenes que componen este atlas revelan prácticas de dominio — sobre la naturaleza, sobre los cuerpos, sobre las culturas — que han atravesado los siglos y siguen determinando el presente. Otras señalan la belleza irreductible de lo que ha sobrevivido a esas imposiciones: las formas en que distintas culturas han representado las nubes, los árboles, el agua, el cosmos. Todas ellas conviven en el mismo espacio sin jerarquía, sin historia única, en lo que el artista concibe como una edición dialéctica de imágenes — un procedimiento heredado de Walter Benjamin que Facundo ha desarrollado y complejizado desde el año 2000.
El globo de mimbre que ancla la exposición condensa este gesto: una esfera frágil, hecha a mano, que reproduce la forma del mundo sin pretender poseerlo. No es un mapa. Es la negación del mapa como instrumento de conquista y la propuesta de otro modo de relacionarse con la totalidad — uno que, siguiendo a Alfred Jarry y su patafísica, abraza lo que rodea a las cosas más allá de lo visible, más allá de lo racional, más allá de lo meramente metafísico.
Atlas errante no ilustra el colonialismo ni lo denuncia desde afuera. Lo desmonta desde adentro, con las mismas herramientas de la representación, abriendo en su engranaje una grieta por donde entran las voces que la historia única ha silenciado.














